
Las intensas lluvias que azotaron localidades del noreste de Brasil en las últimas horas causaron, hasta este sábado, la muerte de diez personas, dejaron varios heridos y provocaron daños significativos, principalmente en los servicios de agua y energía del estado de Pernambuco. Además, las autoridades reportaron tres desaparecidos.

Las precipitaciones, que comenzaron el viernes, generaron deslizamientos de tierra e inundaciones, lo que obligó a unas 2.200 personas a evacuar sus hogares en ocho municipios, la mayoría ubicados en la región metropolitana de Recife y en zonas rurales cercanas.
Según reportes oficiales, en las últimas 48 horas el número de víctimas fatales aumentó a diez, junto con más de treinta heridos y tres personas desaparecidas.
En Pernambuco, el estado más afectado, fallecieron seis personas, entre ellas una mujer y sus dos hijos, de 1 y 6 años, debido a un deslizamiento de tierra que destruyó su vivienda en Recife. En una situación similar, en el poblado de Olinda, una joven y su hijo de seis meses perdieron la vida por otro deslizamiento, mientras que un hombre murió ahogado en San Lorenzo da Mata.
En Guarabira, dos hombres murieron electrocutados mientras se preparaban para un evento público. A casi 4.000 kilómetros de distancia, en el estado de Rio Grande do Sul, un agricultor falleció por electrocución y un pescador murió tras el hundimiento de su canoa en la Laguna de los Patos. Las autoridades montaron un operativo especial de búsqueda para localizar a tres compañeros de pesca que cayeron del bote y permanecen desaparecidos.
Frente a la gravedad de la situación, que se extendió del noreste al sur del país, el Gobierno brasileño decretó el estado de emergencia en los municipios afectados, una medida que permite agilizar la canalización de ayuda.
El cuerpo de bomberos rescató a 525 personas que quedaron aisladas por las inundaciones, utilizando 26 embarcaciones de salvamento, según informó el Gobierno regional.
Estas lluvias se suman a los devastadores aguaceros registrados en febrero de 2026, cuando al menos 66 personas murieron y tres desaparecieron en el estado de Minas Gerais, así como a las inundaciones de mayo de 2024 en el sur de Brasil, que causaron 183 muertos y cerca de 700.000 desplazados. Este último desastre fue el peor en la historia de la región, tras la crecida del río Guaíba que sumergió durante semanas barrios bajos de Porto Alegre.
Actualmente, las autoridades de Pernambuco emitieron alertas por la posibilidad de nuevas lluvias que podrían agravar la situación. Además, la gran cantidad de agua caída provocó anegamientos en plantas de energía y en la red de distribución de agua potable, dificultando el suministro en varios barrios.
En algunas zonas, como en la ciudad de João Pessoa, las precipitaciones superaron los 200 milímetros en menos de 48 horas, rebasando las marcas previstas para todo el mes y ocasionando severas inundaciones.
Desde el gobierno federal, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ordenó a sus ministros ponerse a disposición de Pernambuco, enviando equipos de salvamento, alimentos y materiales de abrigo para asistir a los evacuados. Asimismo, el Ministerio de Desarrollo trabaja junto a los municipios en la elaboración de decretos de emergencia para facilitar el acceso a recursos destinados a enfrentar la crisis.
Con información de agencias y medios de Brasil.
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