2 de abril de 2026 Lectores: 68
Lavar el arroz bajo el chorro de agua antes de cocinarlo es un hábito clave que mejora la textura y garantiza la seguridad alimentaria. Esta práctica, recomendada por expertos culinarios, permite eliminar impurezas y optimizar las propiedades nutricionales de este cereal.
El principal beneficio técnico de este proceso es la eliminación del exceso de almidón. Al enjuagar los granos, se evita que el arroz se pegue o se apelmace, logrando una cocción más pareja y una consistencia más liviana, ideal para platos que requieren granos sueltos.
Más allá de lo gastronómico, existen razones de salud para mantener este hábito. Investigaciones recientes han detectado hasta un 20% de microplásticos en muestras de arroz crudo, derivados de los procesos de envasado y distribución, los cuales pueden reducirse significativamente con un lavado previo.
Además, este paso ayuda a retirar restos de polvo, cáscara o residuos externos. El arroz es un alimento energético rico en carbohidratos, y en sus variantes integrales o negras, aporta fibra esencial para regular el azúcar en sangre y mejorar la digestión.
Para realizarlo correctamente, se recomienda pasar el grano por un colador hasta que el agua salga clara. Este procedimiento sencillo elimina notas amargas y asegura que el plato final sea más saludable y fácil de digerir para toda la familia.
Si bien el lavado es ideal para la mayoría de las recetas, el artículo no especifica si existen variedades de arroz o platos puntuales (como el risotto) donde esta práctica pudiera ser contraproducente.
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